Campaña por la despenalización

Hace ya dos años, la Asociación de Sin Papeles (ASPM), junto con múltiples colectivos de apoyo, iniciaba la campaña por la despenalización del top-manta. La iniciativa proliferó en diferentes ciudades y sectores sociales. El objetivo: que ni un mantero volviera a pisar la cárcel por una actividad que no genera ninguna alarma social siendo de mera supervivencia.

Punto y seguido en la despenalización de la manta

El Senado acaba de aprobar definitivamente un nuevo texto para el Código Penal que incluye la reforma de los artículos 270 y 274, responsables del ingreso en prisión de los manteros. A partir de su entrada en vigor, se considerará que vender en la manta por debajo de los 400 euros de beneficio obtenido no es delito, sino falta penal, castigable con multa o localización permanente.

Así las cosas, a los manteros se les seguirá persiguiendo: podrán pasar hasta tres días en comisaría, serán sometidos a juicio, se les pedirán indemnizaciones de miles de euros para las gestoras de derechos de autor, tendrán que pagar multas elevadas o someterse a localización permanente. Tendrán antecedentes penales (aunque de mucha menor duración) que dificultarán su acceso a la regularización y, con ella, a muchos derechos básicos. Es más, aún podrán entrar en prisión: las cuantiosas indemnizaciones a favor de las entidades de gestión que se seguirán incluyendo en las sentencias condenatorias, a menos que estas entidades renuncien a ellas, resultan imposibles de afrontar para alguien que sobrevive de la manta, teniendo en cuenta los escasos beneficios que esta actividad genera. Por ley, no es posible pagar una multa sin haber satisfecho antes las indemnizaciones, con lo cual, las multas impagadas se convertirán en días de prisión; también la localización permanente podrá transformarse en cárcel, si el juez lo considera conveniente. Es cierto, ya no se contarán por decenas los manteros que pasen uno y hasta dos años encarcelados, pero la finalidad inspiradora de la reforma, a saber, que ningún mantero se viera entre rejas, queda en último término frustrada.

En resumidas cuentas, la manta no se despenaliza, no sale del libro negro reservado a las actividades más alarmantes y peligrosas para nuestra sociedad, pero se reduce considerablemente el castigo para aquellos que la utilizan como actividad de supervivencia. Y esto constituye un triunfo de las miles de personas que en los últimos dos años se han movilizado bajo el lema “sobrevivir no es un delito. Ni un mantero en prisión”: juristas, artistas, manteros, sin y con papeles, gentes de aquí y allá que han volcado sus energías dentro de una batalla concreta, la despenalización del top-manta, que simboliza una lucha más general, aquella contra la desigualdad y la injusticia, contra la criminalización de la pobreza.

Entre estos miles de personas, ha estado la Asociación de Sin Papeles de Madrid (ASPM). Nacida en mayo de 2008 en Lavapiés a partir de un grupo de gentes afectadas por la situación de la inmigración y, algunas, por el top-manta, la ASPM reunió a negros, blancos y pardos para hacer realidad que la unión hace la fuerza: mbolo mboy dole. La asociación nos ha proporcionado a manteros y no manteros, sin papeles y con papeles, un espacio de amistad donde sentirnos en casa, una familia mestiza para darnos fuerza y romper barreras, un lugar desde el que vivir de verdad, no tan encerrados, un punto de anclaje desde el que luchar juntos por el respeto y la igualdad, contra las fronteras que pueblan el cotidiano de nuestra ciudad. A esto lo llamamos integración.

Cuando en octubre de 2008 salimos a la calle para pedir el indulto de cuatro compañeros que estaban a punto de entrar en prisión por vender sobre su manta copias no autorizadas de CDs, DVDs y productos de marca, ni podíamos imaginar que llegaríamos tan lejos: que serían tantos los que se sumarían a la lucha por la despenalización de la manta, que los legisladores acabarían teniendo que escuchar nuestras razones y traduciéndolas en ley.

Hoy, en El Alfil, con el ensayo abierto de “La manta no es mi sueño”, celebramos un triunfo: que muchas sentencias condenatorias de compañeros manteros muy queridos y de otros tantos manteros anónimos podrán revisarse y, con ello, corregirse muchas injusticias –algunos de ellos saldrán de la cárcel y volverán a estar entre nosotros; otros se librarán de los antecedentes penales y podrán por fin regularizar su situación…

Es verdad, este triunfo es insuficiente: aún será posible ingresar en prisión por haber recurrido a la manta como medio de subsistencia; y seguirán las persecuciones, y la pesadilla de los juicios, las indemnizaciones, las multas… Por este motivo, este ensayo abierto no supone un cierre, un punto final, sino más bien un punto y seguido. Junto a la celebración y el festejo, anunciamos nuestra determinación a continuar: a pedir a las entidades de gestión de derechos de autor que renuncien a las jugosas indemnizaciones, a instar a los jueces a absolver a los manteros en virtud del principio de intervención mínima, a formarnos en leyes para defender nuestros derechos, a conversar con creadores culturales para que no nos vean como sus enemigos, a contar a todos el insomnio que se esconde debajo de la manta… en definitiva, a seguir peleando por la dignidad de todos los manteros.

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